Evolución del latín

El desarrollo y la relativa estabilidad que vivió la región durante la ocupación explican cómo la península era un área plenamente integrada a la vida política y social romana, baste señalar que los emperadores Trajano y Adriano fueron oriundos de Hispania, lo mismo que el poeta Lucano, el filósofo Séneca y el retórico Quintiliano.

Durante el proceso de romanización, el latín se convirtió en la lengua común o lingua franca que permitía la comunicación entre Roma y las distintas provincias. Después de un período de bilingüismo más o menos largo, la mayor parte de las culturas ibéricas terminaron por asimilarse al latín. Es la primera vez que la península conoce una relativa unidad económica, jurídica, militar, civil, y por supuesto lingüística. Sin embargo, para aquella época el latín ya mostraba variaciones lingüísticas muy claras entre el latín clásico, escrito y sus dialectos orales. En efecto, como toda lengua viva, el latín se desarrolló en distintos períodos como se muestra en el siguiente cuadro:

- Período Preclásico (siglos VII - II a. C.)

En el siglo III a. C. aparecen las primeras obras escritas, con marcada influencia griega.

- Período clásico (siglos II a. C. – II d. C.)

La lengua escrita es considerada como culta y se enseña sistemáticamente tomando como modelo lingüístico las obras de Cicerón, Virgilio, Horacio, Tárcito, entre otros.

- Período posclásico (siglos II – VI d. C.)

El Imperio romano se encuentra en decadencia, aparece la literatura cristiana. La lengua muestra una menor complejidad estructural que en el período anterior.

- Bajo Latín (siglos VI – XV)

Es la lengua escrita durante la Edad Media y hasta la desintegración del Imperio. A pesar de mostrar inconsistencias en las normas, penetración de vulgarismos e incorporación de palabras de distintos orígenes, sigue siendo un referente ante las emergentes lenguas nacionales


De esta manera, para el siglo I D. C. ya hay señalamientos de distintos autores latinos que llaman la atención sobre las variaciones de la lengua. Por ejemplo, Cicerón señala: "solemos escribir cartas con palabras cotidianas".

y Quitiliano dice sobre el habla cotidiana: "es esa que hablamos con los amigos, el cónyuge, los hijos, los ciervos". Así, el latín hablado también era llamado sermo plebeius o vulgaris o cotidianus.

La obra latina del Satiricón de Petronio (s. I d. C.) refleja en algunos pasajes estas formas de habla popular. Llama la atención que, incluso en el siglo III d. C. aparezca una obra titulada Appendix Probi. Se trata de una lista de voces y grafías vulgares acompañadas de las formas latinas consideradas como correctas. Evidentemente, las palabras populares o las formas orales difícilmente son registradas en textos que lleguen hasta nuestros días. Por esa razón, los historiadores de la lengua han tenido que desarrollar técnicas y métodos para reconstruir estadios anteriores del español. Para ello, se utiliza el llamado "método comparativo" que consiste en comparar distintas lenguas romances, provenientes del latín y si se encuentra un fenómeno común entre ellas, se afirma que éste proviene del latín hablado en las distintas provincias del Imperio, y de acuerdo con la evolución que aquellas experimentaron, puede establecerse o restituirse la forma (hipotética) original.

Por ejemplo, retomando a Menedez Pinal (1980): si en el latín clásico encontramos la palabra acuĕre, en español actual aguzar, en portugués aguçar, en provenzal agusar, italiano aguzzare, etcértera. Podemos postular que en el latín vulgar hablado en todos estos países se decía *acutiare (el asterisco indica que se trata de una reconstrucción hipotética). De esta forma, podemos reconstruir la historia de la palabra de la siguiente manera: acuĕre > *acutiare > aguzar 'afilar, agudizar'.

Hechas algunas aclaraciones, a continuación se presentan las principales diferencias entre el latín clásico y el vulgar.



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